Hermandad de Monte-Sión

Pontificia, Real, Ilustre, Antigua y Dominica Hermandad y Archicofradía de Nazarenos de la Sagrada Oración de Nuestro Señor Jesucristo en el Huerto, Santísimo Cristo de la Salud, María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos Coronada y Santo Domingo de Guzmán

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CELEBRACIÓN DE LA SAGRADA EUCARISTÍA

 

    Dentro de nuestro ciclo de formación cristiana, detallamos aquí, cómo es la celebración de la Sagrada Eucaristía para que puedas seguirla.

    De entre todas las variantes existentes de celebración de la Sagrada Eucaristía, con distintos actos penitenciales, plegarias eucarísticas u oraciones, dependiendo ya sea del tiempo litúrgico, ya de la festividad o de la solemnidad, o ya del carácter de la congregación de fieles (niños, adultos o ancianos) de que se trate, hemos elegido la presente por ser la más utilizada en las misas dominicales.

    Aprovechamos la ocasión para recordarte que, como cristiano, debes participar en la celebración de la Sagrada Eucaristía todos los domingos y fiestas de precepto, procurando comulgar; celebración a la que estás invitado.

 

RITOS INICIALES

De pie

Canto de entrada

Generalmente, los fieles o el coro entonan un canto de entrada que realza la alegría de asistir a la celebración de la Eucaristía, mientras que el sacerdote ocupa su lugar en el altar. Cuando finaliza, el sacerdote comienza el Saludo Inicial.

 

Saludo inicial

Todos se santiguan.

V: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

R: Amén.

V: La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.

R: Y con tu espíritu.

 

Acto penitencial

V: Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.

V: Yo confieso ante Dios ...

R: ... todopoderoso y ante vosotros hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión: (golpeándose tres veces el pecho) por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R: Amén.

 

Señor, ten piedad

V: Señor, ten piedad.

R: Señor, ten piedad.

V: Cristo, ten piedad.

R: Cristo, ten piedad.

V: Señor, ten piedad.

R: Señor, ten piedad.

 

Gloria

V: Gloria a Dios en el cielo ...

R: ... y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria, te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros. Porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.

 

Oración Colecta

V: Oremos.

El sacerdote dice la oración colecta y al finalizar se prosigue:

R: Amén.

 

LITURGIA DE LA PALABRA

Sentados

 

Primera lectura

Se lee la primera lectura que corresponde según el Calendario Litúrgico, y al finalizar se prosigue:

V: Palabra de Dios.

R: Te alabamos, Señor.

 

Salmo responsorial

Se lee el salmo responsorial de alabanza a Dios que corresponde según el Calendario Litúrgico. Generalmente, el salmo tiene un estribillo que los fieles repiten cuando les corresponde.

 

Segunda lectura

En fiestas y solemnidades se lee la segunda lectura que corresponde según el Calendario Litúrgico, y al finalizar se prosigue:

V: Palabra de Dios.

R: Te alabamos, Señor.

 

De pie

Aleluya o canto antes del Evangelio

Generalmente, los fieles o el coro entonan un canto de entrada que muestra la alegría de los fieles por escuchar la Buena Nueva que nos trae el Evangelio. Cuando finaliza, el sacerdote comienza la lectura del Evangelio.

 

Evangelio

El sacerdote, inclinado ante el altar, dice para sí la siguiente oración:

"Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que anuncie dignamente tu Evangelio"

y al finalizar se prosigue:

V: El Señor esté con vosotros.

R: Y con tu espíritu.

V: Lectura del Santo Evangelio según San Nombre del Evangelista.

R: Gloria a Ti, Señor.

El sacerdote lee el evangelio que corresponde según el Calendario Litúrgico, y al finalizar se prosigue:

V: Palabra del Señor.

R: Gloria a Ti, Señor Jesús.

El sacerdote besa el libro, diciendo para sí la siguiente oración:

"Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados"

 

Sentados

Homilía

El sacerdote imparte sus enseñanzas explicando las lecturas que se acaban de leer.

 

De pie

Profesión de fe (días festivos)

Credo o Símbolo de Nicea-Constantinopla.

V: Creo en un solo Dios ...

R: ... Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del cielo, (hasta "se hizo hombre", se hace una inclinación) y por obra del Espíritu Santo, se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, Santa, Católica y Apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

En vez de con el Credo o Símbolo de Nicea-Constantinopla, especialmente durante el tiempo de Adviento, la Cuaresma y la Cincuentena Pascual, puede hacerse la Profesión de Fe con el Credo o Símbolo de los Apóstoles, que reproducimos a continuación:

Credo o Símbolo de los Apóstoles

V: Creo en Dios, ...

R: ... Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, (hasta "María Virgen", se hace una inclinación) que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

 

Oración de los fieles

El sacerdote invita a los fieles a orar, quienes dicen sus peticiones o las intenciones de sus oraciones. Terminada las peticiones el sacerdote concluye la oración de los fieles con una oración.

 

LITURGIA DE LA EUCARISTÍA

 

Sentados

Presentación de las ofrendas

El sacerdote eleva la patena con el pan sobre el altar mientras proclama:

V: Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

R: Bendito seas por siempre, Señor.

El sacerdote echa vino y un poco de agua en el cáliz mientras dice para sí la siguiente oración:

"El agua unida al vino sea signo de nuestra participación en la vida divina de quien ha querido compartir nuestra condición humana."

y al finalizar, el sacerdote eleva la patena con el pan sobre el altar mientras proclama:

V: Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

R: Bendito seas por siempre, Señor.

El sacerdote, inclinado, dice para sí la siguiente oración:

"Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro."

y mientras se lava las manos:

"Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado".

y al finalizar se prosigue:

V: Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

R: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su Nombre, para nuestro bien y el de toda su Santa Iglesia.

 

De pie

Oración sobre las ofrendas

El sacerdote dice la oración sobre las ofrendas y al finalizar se prosigue:

R: Amén.

 

Prefacio

V: El Señor esté con vosotros.

R: Y con tu espíritu.

V: Levantemos el corazón.

R: Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R: Es justo y necesario.

V: En verdad es justo y necesario darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno...

El sacerdote el prefacio y al finalizar prosigue:

V: Santo, ...

R: ... Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

 

Plegaria eucarística

V: Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad.

De rodillas

por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que sean para nosotros Cuerpo y Sangre de Jesucristo, nuestro Señor. El cual, cuando iba a ser entragado a su Pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

"Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros."

El sacerdote eleva la Hostia consagrada, mostrándole a los fieles el Cuerpo de Cristo durante unos instantes, para dejarlo posteriormente en la patena, sobre el altar.

Del mismo modo, acabada la Cena, tomó el cáliz, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:

"Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced ésto en conmemoración mía."

El sacerdote eleva el cáliz con el vino consagrado, mostrándole a los fieles la Sangre de Cristo durante unos instantes, para dejarlo posteriormente sobre el altar.

 

De pie

Aclamación

V: Éste es el Sacramento de nuestra Fe.

R: Anunciamos tu Muerte, proclamamos tu Resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!.

V: Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la Muerte y Resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el Pan de Vida y el Cáliz de Salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra; y con el Papa Nombre del Papa actual, con nuestro Obispo Nombre del Obispo actual y todos los Pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.

Acuérdate también de nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro.

Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, los Apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

El sacerdote, mientras mantiene elevados sobre el altar la patena con el pan consagrado y el cáliz, proclama:

V: Por Cristo, con Él y en Él, a Ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo. Todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

R: Amén.

 

RITO DE LA COMUNIÓN

 

Oración dominical

El sacerdote invita a los fieles a rezar la oración que Cristo nos enseñó.

V: Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza nos atrevemos a decir:

R: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

V: Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

R: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

 

Rito de la paz

V: Señor Jesucristo, que dijiste a tus Apóstoles: "La paz os dejo, mi paz os doy", no tengas en cuenta los pecados de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R: Amén.

V: La paz del Señor esté siempre con vosotros.

R: Y con tu espíritu.

V: Daos fraternalmente la paz.

Todos se dan la paz, cada cual con los fieles más cercanos, diciendo: "La paz sea contigo".

 

Fracción del Pan

El sacerdote toma el Pan consagrado, lo parte sobre la patena y deja caer una parte del mismo en el cáliz, mientras dice para sí la siguiente oración:

"El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna".

Posteriormente, continúa:

V: Cordero de Dios, ...

R: ... que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

 

Comunión

El sacerdote dice para sí la siguiente oración:

"Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, diste con tu Muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de Ti".

El sacerdote muestra a los fieles el Pan consagrado sobre la patena mientras dice:

V: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

R: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

El sacerdote dice para sí la siguiente oración:

"El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna".

y comulga el Cuerpo de Cristo.

Luego, el sacerdote dice para sí la siguiente oración:

"La Sangre de Cristo me guarde para la vida eterna".

y bebe del cáliz la Sangre de Cristo.

Los fieles se acercan ordenadamente y con el máximo respeto al altar para recibir la comunión. El sacerdote distribuye la Comunión entre los fieles uno a uno.

Generalmente, los fieles o el coro entonan un canto durante la Comunión que exalta este Sacramento.

Al dar la Comunión a cada feligrés, el sacerdote le muestra el Cuerpo de Cristo sobre la patena mientras dice:

V: El Cuerpo de Cristo.

A lo que el feligrés responde:

R: Amén.

Tras lo cual, el feligrés comulga y vuelve a su sitio con recogimiento.

Al finalizar la Comunión, el sacerdote hace la purificación, mientras dice para sí la siguiente oración:

"Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio el alimento que acabamos de tomar, y que el don que nos haces en esta vida nos aproveche para la eterna".

Al finalizar, se guardan unos momentos de silencio.

 

De pie

Oración después de la Comunión

V: Oremos.

El sacerdote dice la oración para después de la Comunión que corresponde a la Misa del día y al finalizar se prosigue:

R: Amén.

 

RITO DE CONCLUSIÓN

 

Bendición y despedida

Si es necesario se hacen brevemente los anuncios o advertencias a los fieles.

V: El Señor esté con vosotros.

R: Y con tu espíritu.

Todos se santiguan.

V: La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R: Amén.

V: Podéis ir en paz.

R: Demos gracias a Dios.

 

SALVE A LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL ROSARIO

    Al finalizar la Sagrada Eucaristía en las Misas de Hermandad y llenos de alegría por haber recibido la gracia del Espíritu Santo, ningún hermano de Monte-Sión abandona la Iglesia sin despedirse de nuestra Santísima Virgen María cantándole la Salve, para darle gracias por su amparo recibido y para pedirle que nunca deje de ser nuestra protectora y mediadora.

 

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Hermandad de Monte-Sión
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