Hermandad de Monte-Sión

Pontificia, Real, Ilustre, Antigua y Dominica Hermandad y Archicofradía de Nazarenos de la Sagrada Oración de Nuestro Señor Jesucristo en el Huerto, Santísimo Cristo de la Salud, María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos Coronada y Santo Domingo de Guzmán

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La Cuaresma, encuentro con Dios

 

Al celebrar un año más la santa Cuaresma,
Concédenos, Dios todopoderosos,
Avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo
Y vivirlo en su plenitud.

(Oración colecta. Domingo I de Cuaresma)

 

Queridos hermanos en Cristo:

Otro año más comenzamos la celebración de la Cuaresma, según el ciclo litúrgico de la Iglesia. Comenzamos la celebración de un tiempo nuevo, propicio para el cambio interior, o lo que es lo mismo, para la conversión del corazón. Pero, ¿de qué tenemos que convertirnos?. ¿Acaso no es nuestra vida un ejemplo de seguimiento del Maestro?. Puede resultar que no siempre nuestra vida se caracterice por ser ejemplar en la vivencia y puesta en práctica de los consejos de Jesús dados en el Evangelio, que nuestra vida no transparente el amor y la fe a Nuestro Señor.

No es que la Iglesia -con este tipo de afirmaciones- quiera poner el dedo en la llaga y recordarnos continuamente nuestros pecados y limitaciones. Todo lo contrario: precisamente porque la Iglesia es como una gran madre que acoge y anima continuamente a sus hijos, quiere constantemente alentarnos a la lucha interior para mejorar nuestras actitudes: hacia Dios, hacia nuestro prójimo y hacia nosotros mismos. En definitiva, pretende animarnos a seguir conociendo el misterio de nuestra fe, que es Jesucristo, muerto y resucitado, para que, contemplándolo a Él, alcancemos ser cada día más perfectos, a imagen del buen Padre Dios.

Por eso, no celebramos la Cuaresma porque toque en el calendario litúrgico. Celebramos la Cuaresma, porque necesitamos reflexionar acerca de nuestra vida, ver las virtudes que la jalonan para poder potenciarlas, y observar también nuestros propios errores y pecados, no para hundirnos en la desesperanza y la tristeza, sino para cambiarlos, para transformar nuestra vida y que ésta sea conforme con las ofrendas que presentamos (Oración sobre las Ofrendas. Domingo I de Cuaresma) a Dios, es decir, el pan y el vino, junto a una vida experimentada en clave cristiana.

Dios pasa por nuestra vida. Dios se vuelve hacia el hombre. Y para ello, el hombre necesita prepararse,... El hombre necesita convertir su vida y sus costumbres, llenar su existencia con los valores del Evangelio. Podemos sintetizar que necesitamos convertirnos. ¡Es tan fácil hablar de conversión, y no de medios!

Tradicionalmente, la Iglesia nos ha hablado de tres medios para practicar y vivir coherentemente con nuestra fe, el tiempo de la Cuaresma; los recordaréis muy bien: oración, limosna y ayuno. ¿Siguen en práctica estos consejos de la Iglesia, o tal vez hayan quedado obsoletos?. Veamos:

La oración se refiere siempre a la relación íntima y personal (también a veces comunitaria) que el cristiano mantiene con Nuestro Señor; esta relación le anima a volcarse con solicitud en las necesidades del hermano, como fruto de ir conociendo gradualmente, mejor y más profundamente, la voluntad de Dios. Como "oración", entendemos también en el contexto de la Cuaresma, todo lo relacionado con la vida espiritual: así la oración meditativa en cuanto tal; la práctica de ejercicios de piedad -ya sea la asistencia a Quinarios, el rezo del Via Crucis, del santo rosario, etc.-; la celebración de los sacramentos, especialmente la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación o Penitencia,...

En efecto, éstos son medios que, bien aprovechados, de seguro nos ayudarán a vivir la Cuaresma. Quizás, los cristianos, tuviéramos que hacer un esfuerzo por concienciarnos de la necesidad de profundizar espiritualmente en nuestra fe, para comprender mejor el misterio que se nos presenta. Y éstos son medios inequívocos para lograrlo.

La limosna es la actitud cristiana que está más relacionada con la ayuda desinteresada al prójimo. En absoluto, cuando se dice que la limosna es un medio para vivir la Cuaresma, se quiere decir que sólo sea un medio propicio para este momento concreto del año, sino que debe ser un medio que se prolongue durante toda la vida del cristiano. Por limosna entendemos la generosidad del cristiano al compartir sus bienes económicos, su tiempo y sus energías con aquellos hermanos que más le necesitan: los pobres, los enfermos, los ancianos, un amigo que necesita unas palabras de consuelo,... Sólo cuando el amor -entendido en el sentido de caridad cristiana- es puesto en práctica, se puede decir que amamos. Y sólo cuando realmente amamos, podemos afirmar que estamos correspondiendo a la gracia de Dios, que sale a nuestro encuentro. Y el amor exige sacrificio, por lo que únicamente cuando nos sacrificamos por los demás, estamos dando lo mejor de nosotros mismos, es decir, estamos amando.

No podríamos celebrar una auténtica Pascua del Señor, en el Domingo de Resurrección; ni podremos celebrar una auténtica Semana Santa, si hemos abandonado (o al menos, no nos hemos esforzado lo suficiente, y con generosidad) la práctica de la misericordia para con nuestros hermanos. El amor no es una palabra bonita, es una exigencia del ser cristiano.

El ayuno es una práctica penitencial muy antigua en la Iglesia, y en la actualidad se mantiene como obligatoria el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo (en Sevilla, éste último día se puede cambiar por una obra de caridad para los que participan de las procesiones de la madrugada del Jueves al Viernes Santo), y está unido a la abstinencia de comer carne, no sólo estos dos días, sino también los viernes de cuaresma, como signo de penitencia y sacrificio, y deseo de experimentar la conversión personal.

Este sentido del ayuno y la penitencia, unido al sacrificio, puede tener en nuestros días un sentido mucho más profundo y amplio del que imaginamos: por un lado, se trata de empezar a solidarizarnos con Cristo, que sufre en la cruz por la salvación de los hombres, y junto a Él, millones de seres humanos -hermanos nuestros- que siguen sufriendo -aún hoy- los horrores de la guerra y del hambre; nos solidarizamos con ellos porque necesitamos amar. En segundo lugar, el sentido del sacrificio, es ofrecer nuestras propias vidas a Dios, a imagen de Jesús que ofreció la suya al Padre como una ofrenda: ofrecemos lo poco que tenemos, nuestra vida, vivida lo más cristianamente posible.

¿Están en desuso estos medios?. Creo que es evidente que no, porque ni el amor al prójimo, ni el amor a Nuestro Señor, ni la práctica de una vida cristiana están en desuso; todo lo contrario, es conveniente que en este tiempo de Cuaresma, intensifiquemos nuestra apertura a Dios y al prójimo, con el fin de dar testimonio de nuestra fe en medio del mundo, y con el fin de lograr nuestra propia conversión, como cristianos, como comunidad cristiana en torno a una Hermandad, y como Iglesia en definitiva.

Por eso, queridos hermanos, como acompañante espiritual de esta Hermandad, como hermano vuestro en la fe, os propongo que oréis: participando del triduo al Santísimo Cristo de la Salud y del Via crucis de la Hermandad. Del mismo modo, practicad el sacramento de la confesión, en este tiempo de conversión, donde hallaréis la gracia del perdón de los pecados; no os permitáis llegar a la Semana Santa y a la Pascua de la Resurrección, sin haber experimentado el perdón de los pecados; acudid a la celebración de la Eucaristía, movidos siempre por la fe y el amor a la Sagrada Escritura, y no despreciéis la oración personal ante la imagen de nuestros amados titulares, todo lo contrario, practicad la oración como medio idóneo de encuentro con la voluntad de Dios, nuestro Padre. Y todo ello acompañado necesariamente de las buenas obras que nacen del corazón confiado en los consejos de Cristo, pues solamente practicando la caridad entre nuestros hermanos, estaremos dando testimonio de nuestra fe; recordad la palabra bíblica: muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré por las obras mi fe (Sant 2, 18).

Igual que en la vida cotidiana nos preparamos para los acontecimientos importantes que están por llegar (el nacimiento de un niño, la unión matrimonial de unos novios, etc.), lo mismo ocurre con la vida de la fe: hemos de ir preparando paso a paso el momento privilegiado de celebrar el triunfo de Jesucristo sobre la muerte, el momento de su gloriosa Resurrección, después de haber pasado por la Pasión y por la muerte en Cruz. Por eso, querido hermano/a, vive con ilusión y confianza en Dios este tiempo de preparación para la Resurrección de Nuestro Señor: vive cada día de la Cuaresma, celebra una Semana Santa lo más cristianamente posible e intenta profundizar en cada momento de tu vida el acontecimiento Cristo, que es el centro de nuestra vida y de nuestra fe.

Os deseo a todos que la Cuaresma y la Semana Santa sean realmente lugares propicios para el encuentro con Dios y con el hermano, que sean momentos privilegiados de preparación, como dentro de poco lo ha de ser todo el tiempo que transcurra hasta la llegada gozosa de celebrar un acontecimiento realmente extraordinario como ha de ser la coronación canónica de la imagen de María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos.

Pongo en la presencia de nuestros amados titulares todas vuestras intenciones para esta Cuaresma, deseando que la conversión del corazón llegue pronto a nosotros.

Dios nuestro, que nos hagas sentir hambre de Cristo.

(Oración post-Comunión. Domingo I de Cuaresma).

 

 

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