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La
figura de Santa María, Virgen en el Nuevo Testamento:
La Anunciación
(Charla formativa ofrecida en la Hermandad de Monte-Sión el 21 de Noviembre de 2003)
1.- Introducción.
Acercarnos a la figura de la Virgen María no resulta siempre fácil; más bien podríamos decir que es una tarea compleja, precisamente por el mundo cultural donde se desenvuelve nuestra vida, así como por la carga religiosa que a veces soportamos justamente en ésta, "tierra de María Santísima".
No pretendemos decir con esto que la religiosidad popular de nuestra ciudad esté completamente equivocada o desviada. De ningún modo, pues sabemos que en muchos grupos cristianos de nuestra Iglesia la figura de María es delicadamente venerada y amada.
Lo que sí queremos poner de relieve es el halo de falsa espiritualidad que a veces nos impide profundizar adultamente en este don precioso que tenemos los cristianos, la Madre de nuestro Salvador, y que a veces nos empuja a permanecer con ciertas devociones y actitudes infantiles referidas a Ella.
Por ello, es necesario seguir profundizando en lo que significa su presencia para la vida de la Iglesia y de los cristianos, y hacerlo además desde la norma suprema que es la Sagrada Escritura; no está de más que abundemos en textos ya conocidos de la Biblia donde aparece explícitamente su figura -aunque conozcamos los textos bíblicos sobradamente- porque seguro que en ellos descubrimos nuevos valores para nuestra vida cotidiana.
En concreto, nos proponemos profundizar en el conocimiento cordial de quien tiene una actitud de auténtica discípula de Jesús; presentar a María como verdadera oyente de la Palabra de Dios, para descubrir en nosotros mismos la condición privilegiada de oyentes de la Palabra de Dios, llamados a hacerla vida y a profundizarla.
En esta ocasión, y por ser la primera vez que nos reunimos para meditar sobre María -a partir de ahora, así la llamaremos siempre, porque ése es su nombre- lo haremos fijándonos en el texto de La Anunciación del ángel, que encierra el gran misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.
Leamos a continuación, pues, dicho texto: Lc 1, 26-38.
2.- Profundizamos en el texto bíblico: su explicación.
Si atendemos bien a este texto, lo primero que salta a nuestro entendimiento es que se trata de un pacto entre dos partes. Según expresión contemporánea, podríamos decir que un ángel llamado Gabriel y una joven denominada María, están haciendo negocios: el primero de ellos hace un ofrecimiento, con unos compromisos y unos beneficios, y la segunda acepta a pesar de sus tímidas dudas.
En realidad es así. Se trata del comienzo de un gran negocio ("pacto" o "alianza" los llamamos los cristianos) entre Dios y un sencilla mujer. Ese pacto o alianza incumbe a todos los hombres: Dios tiene un proyecto de salvación para la humanidad entera, para su pueblo, y quiere empezar a ponerlo en práctica.
No obstante, "su pueblo" es el pueblo de Israel, y ya antes había establecido otros pactos con él, según vemos en el Antiguo Testamento. Descubramos primeramente el sentido de aquellas alianzas del Antiguo Testamento para comprender mejor la del Nuevo Testamento.
a) El texto a la luz del Antiguo Testamento.
En las alianzas entre Dios y los israelitas en el Antiguo Testamento, observamos tres momentos importantes:
La presencia y el discurso de un mediador (bien sea un profeta, un rey, un dirigente el pueblo, un ángel, etc.) que, situado entre Dios y los hombres, sus hermanos, les anuncia la voluntad divina en las circunstancias donde se desarrollen su vidas.
Generalmente, en ese discurso se recuerdan los beneficios que Dios les ha concedido, de manera que quede iluminada la mente de los destinatarios para que puedan comprender la voluntad del Señor.
Dios no impone su voluntad, sino que propone un proyecto y da los medios para llevarlo a cabo, de manera que, aceptándolo, se pueda comprender su significado.
Después que el mediador ha sido portavoz de Dios ante los hombres, se espera la respuesta del pueblo, que generalmente es unánime en su asentimiento. Los hombres, conscientes de que el mediador habla en nombre de Dios, consideran sus palabras como palabras pronunciadas por Dios mismo, ante las cuales responde afirmativamente, por el respeto y el amor que les profesa. Siempre se subraya la libertad absoluta y el raciocinio a la hora de dar una respuesta.
Finalmente, el mediador desvela un beneficio por haber aceptado (y cumplir posteriormente, según se entiende) la voluntad divina. Es la promesa de fidelidad de Dios ante la fidelidad de su pueblo.
Podríamos tener como modelo para este tipo de alianza entre Dios y los israelitas, a la Alianza del desierto de Sinaí, después que Dios libró al pueblo de la opresión egipcia y los condujo durante cuarenta años a la tierra prometida (Ex 19, 1-9).
De esta manera, sobre el trasfondo de estos modelos del Antiguo Testamento, se comprende mejor el pasaje de La Anunciación de María, como podremos comprobar a continuación.
b) Lo que nos dice el texto en sí.
Pasemos a continuación a aplicar los conocimientos de los pasajes del Antiguo Testamento al texto de La Anunciación de María:
Resulta evidente quién es el enviado de Dios: el ángel Gabriel, que entra en escena como auténtico mediador e interlocutor entre Dios y los hombres (María en nuestro caso). Él se hace portavoz en su discurso del proyecto que Dios tiene para María: ser la Madre de Jesús, el Hijo de Dios; en Él, Dios quiere hacerse uno de nosotros, un hombre más, con todas sus cualidades. Ésta es la absoluta y radical novedad de la nueva y definitiva alianza de Dios con su pueblo (más tarde descubriremos que su "nuevo pueblo" es la Iglesia).
Precede a la exposición de la voluntad divina, un saludo que es en su conjunto una revelación de todos los privilegios con los que Dios ha favorecido a María.
Por otro lado, es encuentra la destinataria de esta revelación o mensaje: María, que como mujer libre e inteligente, responde afirmativamente al proyecto de Dios con su fiat (literalmente, en latín, hágase), no sin antes exponer una objeción lógica: ¿Cómo será eso, pues no conozco varón?.
El ángel iluminará la duda de María, explicando que sólo por la acción del Espíritu Santo es posible que dicha fecundación se lleve a cabo: la acción del Espíritu y la protección del "Altísimo con su sombra", son las promesas de fidelidad de Dios -que nunca nos deja solos- hacia María.
En definitiva, el ángel ya ha cumplido se misión; sólo queda comprender el sí de María, su respuesta, que es una aceptación libre y consciente del proyecto de Dios; no obstante, la conciencia de estar aceptando un proyecto divino no anula las dudas de la persona, sino que, muy al contrario, requiere el esfuerzo de la fe por parte del que se pronuncia. Con razón, decimos de María que es la mujer creyente por antonomasia, porque se ha fiado de Dios, ha confiado en sus promesas de fidelidad y salvación sin tener pruebas patentes de nada.
Pero, ¿qué significa que Dios se haya fijado en María? Esta persona concreta es hija de un pueblo, de una comunidad que sigue a Dios, el pueblo de Israel. Por ello, desde muy antiguo, la Iglesia ha visto en la respuesta de María, la respuesta que ha de ser típica en todos los que, por extensión, siguen a Dios. Es la respuesta de un hijo del pueblo de Israel: es la respuesta de la Hija de Sión.
c) Acercamiento al significado de la expresión "Hija de Sión".
Era costumbre en el lenguaje del Antiguo Testamento denominar a las personas con el lugar de donde procedían, anteponiendo la expresión "Hijo de". Así, el natalicio de una persona nacida en Jerusalén, bien podría ser "Hijo de Jerusalén" o "Hijo de Sión", que es la elevación geográfica donde se asienta dicha ciudad. Jerusalén y Sión se identifican mutuamente en diversos momentos.
No obstante, frente a cualquier otra expresión de este tipo, la cualidad de "Hijo de Sión" tomó paulatinamente una connotación referida a un grupo muy selecto de judíos que habían sido, desde orígenes muy antiguos, fieles en todo momento a la alianza establecida con Dios. Es una expresión, por tanto, que connota fidelidad a Dios por parte de un grupo determinado de personas, también denominado "resto de Yahvéh".
En el texto de La Anunciación, las palabras del ángel se hacen eco del mensaje de esperanza que los profetas del exilio hacían a los israelitas fieles durante la deportación del pueblo judío a Babilonia, es decir, de los mensajes de liberación destinados a los "Hijos de Sión".
En ese sentido, María es la nueva "Hija de Sión", fiel al definitivo proyecto de salvación por parte de Dios, y que encarna a todos los hombres y mujeres que en adelante crean en dicho proyecto y sean fieles en su cumplimiento.
En este sentido, el evangelista San Lucas tiene una intención especial por presentar a María como la "hija de Sión" en la que, sintetizando a todo el pueblo de Israel (el antiguo y el nuevo que, como hemos dicho anteriormente, se trata de la Iglesia), se cumplen todas las promesas que Dios anunció por medio de los profetas, en referencia al envío de un salvador universal, su propio Hijo.
Con el anuncio de María despunta la aurora de un nuevo día de salvación, en el que el cielo baja para conversar con la tierra. Y todo ello con la sencillez de un Dios que se posa silenciosamente en el seno de una humilde muchacha.
3.- Aplicación de la enseñanza bíblica a nuestras vidas.
Pero ahora, después de haber investigado en el sentido profundo de este pasaje bíblico tan central en el misterio de nuestra fe, nos podríamos preguntar qué significado tiene para cada uno de nosotros en particular. Dicho de otra manera: ¿cómo afecta a mi vida de cristiano esta realidad de La Anunciación de María?.
En primer lugar, volvamos a leer (esta vez más detenidamente y fijándonos en los detalles comentados) el pasaje evangélico: Lc 1, 26-38.
Y ahora preguntémonos por la frase o el momento del relato que nos parezca más importante, ¿por qué? ¿Cómo reacciona María ante la Palabra que le es anunciada? ¿Se produce en ella algún cambio significativo?.
No sólo María recibe el anuncio de un ángel, también nosotros, en muchos momentos de nuestras vidas, encontramos la presencia y el discurso de "ángeles", mensajeros de la Palabra de Dios que nos ponen muy cerca de acontecimientos y actitudes que el Señor nos está pidiendo. Lo importante es tener la misma actitud que ella: silencio interior y escucha atenta de ese mensaje de salvación promovido por el mismo Dios. A esa actitud "silenciosa" de escucha de Dios, debe seguirle el deseo de cambiar, poniendo en práctica fielmente la voluntad e Dios. Por tanto:
¿Descubrimos en nuestra vida la presencia de las huellas de Dios, de sus "ángeles"?.
¿Estamos habituados a hacer silencio en nuestra vida en los momentos de oración?.
¿Sé acoger la Palabra que Dios me dirige a mí personalmente y ponerla en práctica?.
¿Imito a María en su actitud de creyente?.
Pero la escucha atenta de la Palabra de Dios y su puesta en práctica, responde a una finalidad por parte de María; una finalidad basada en la libertad adulta ante Dios y en el amor a Él mismo; esa finalidad es el deseo de cooperar con Dios en el proyecto que Él tiene de salvación de la humanidad.
Así, si María no hubiese aceptado la propuesta de Dios, ¿todo habría sido igual? Es evidente que no, por tanto:
¿Soy consciente de mi obligación moral de cooperar con Dios en su proyecto?.
¿Me escudo en una vida fácil y cómoda para no ser fiel a la voluntad de Dios?.
¿Me doy cuenta de que sólo ayudando a Dios en su proyecto de salvación podrá crearse un orden nuevo de personas y de sociedad?.
Finalmente, una breve reflexión inspirada en la enseñanza conciliar: Dios nuestro Padre ha querido que la Encarnación de su Hijo estuviese precedida por la aceptación de María, que en lo sucesivo sería su Madre. Ella, enriquecida desde el primer momento de su concepción con el resplandor de una santidad singular, es saludada por el ángel como llena de gracia, mientras que le responde fiat.
María, al aceptar la voluntad de Dios, se ha convertido en Madre de Jesús, y al hacer suya la voluntad del Creador -sin ningún obstáculo de pecado por su parte- se ha consagrado totalmente como servidora de Dios y de todos los hombres.
Pero María no ha permanecido como impasible instrumento en manos de Dios, sino que, guiada por la fe, ha confiado en la Palabra que Dios le dirigía, con una esperanza firme en su promesa de salvación y con una amor radical a todos los hombres.
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¿Cabe, por tanto, mayor ejemplo en el seguimiento de Cristo, que el de su propia Madre?. |
4.- Conclusión.
Toda esta reflexión acerca de La Anunciación de María no es el "todo" que se puede desprender de este texto que, como Palabra revelada por Dios, es inagotable en su riqueza. Se trata tan sólo de un acercamiento sincero a la Palabra de Dios desde el prisma de María. Esperamos haber dado cumplimiento a los objetivos que nos proponíamos al principio.
5.- Lectura del Evangelio según San Lucas (1, 26-38).
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R/ Gloria a Ti, Señor. |
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David: la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
-«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo:
-«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel:
-«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?.»
El ángel le contestó:
-«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó:
-«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.
Palabra del Señor.
R/ Gloria a Ti, Señor Jesús.
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